Desde hace varias temporadas la situación del Deportivo es una auténtica duda. No sólo en lo económico, sino en lo deportivo, lo que le ha generado una falta de crédito total en lo referente al mercado futbolístico. Sus continúas visitas a los juzgados, demandas de exjugadores y clubes han mermado hasta el límite la confianza y la persuasión de la que antaño hacía gala Lendoiro como negociador. Todo esto tiene una primera y gran consecuencia lógica: la dificultad para encontrar en el mercado buenos refuerzos. Pese a que es cierto que son muchos los futbolistas que siguen creyendo en el Deportivo como uno de los grandes del fútbol español, o como un gran trampolín o escenario para crecer (atendiendo a casos como los de Arizmendi o el propio Álvaro Arbeloa) los directivos y representantes son muy reticentes a la hora de entablar conversaciones con los delegados del club herculino. Más aún desde que la situación se ha vuelto del todo insostenible. Ese es sin duda, junto con la falta de liquidez de sus arcas, uno de los principales problemas que afronta el club con Augusto César Lendoiro a la cabeza. Aquella fama de club amigable, de segundo club de España que se extendió con la época del superdepor, y, sobre todo, a través de la liga del penalti de Djukic, ha sido completamente borrada. También se ha reflejado este problema en las revisiones y renovaciones de contrato, que en muchas ocasiones terminan sin acuerdo, lo que supone también una pérdida de ingresos para el club, con la marcha de jugadores cotizados libres en el mercado. Una de las fórmulas a las que ha tenido que recurrir un club que siempre ha destacado por sus grandes incorporaciones, ha sido a las cesiones. Este verano parece que se repetirá la historia, y el Deportivo rebuscará entre las sobras y los filiales de los grandes para fortalecer un complicado entorno.
lunes, 11 de junio de 2007
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